Sobre El violinista en el tejado

Poquitos pero contentos

Si se me permite un comentario, creo que El violinista en el tejado fue un espectáculo que le quedó muy grande a Morelia.
   El público de la ciudad, acostumbrado a hacer filas interminables para entrar a shows de comediantes vulgares, pareció no darse cuenta del magnífico espectáculo al que tenía oportunidad de asistir.
   Estrenada hace 50 años -en 1964- en Broadway, la historia fue adaptada en México por primera vez al año siguiente con Manolo Fábregas a la cabeza del elenco y luego de varios años de ausencia en la cartelera nacional, desde 2012 El violinista en el tejado regresó con Alejandro Toporek y Manuel Gorka alternando en el papel principal.
   La trama, además de divertida –el público no dejó de reír en las dos funciones ofrecidas en el Teatro Morelos-, es, como comentó parte del elenco a PROVINCIA en una entrevista anterior, una historia que presenta al amor y a la familia como lo más importante.
   Rebeca Irabién, quien con una excelente caracterización interpreta a la abuela Tzeitel, comentó: La obra es muy cómica, se ríe la gente toda la obra y tiene finalmente un mensaje bien serio y bien profundo, y sí, al final qué queda, cuando tienes que dejar todo lo que amas, qué es lo te llevas, qué es el puñado de gente que te llevas contigo, y es tu familia”.
   Con más de 45 actores y bailarines en escena, así como 23 músicos de la orquesta en vivo, los pocos morelianos que tuvieron el buen tino de asistir, atestiguaron el talento de Manuel Gorka, destacado cantante mexicano quien encarnó a Tevye, el personaje central de la puesta.

El origen
Las hijas de Tevye, del autor ruso, Sholem Aleijem, es de donde surgió el espectáculo musical que fue también adaptado al cine en 1971.
   El montaje muestra los avatares domésticos de Tevye y Golde, quienes tienen cinco hijas, tres de ellas en edad casadera, y al carecer de recursos económicos tienen pocas oportunidades para lograr un buen matrimonio.
   En la historia se entretejen también temáticas políticas al presentar la diáspora judía de la Rusia zarista y los primeros indicios de ideales libertarios que llevaron posteriormente a la revolución que tuvo a Max y Lenin como figuras centrales.
   El espectáculo tiene la posibilidad de muchas lecturas pero destaca principalmente el amor, las tradiciones como el elemento que mantiene a la gente en balance y la unión de la familia, todo esto aderezado, como ya se comentó, con una fuerte carga de humor.

Oportunidad perdida
Las risas y los numerosos aplausos espontáneos fueron testimonio de que los asistentes disfrutaron conocer a las hijas de Tevye y a todos los habitantes de Anatevka, esa remota aldea rusa en la que, desde la ficción, se vivieron tres historias de amor imposible, todas con final feliz.
  El martes de esta semana pocos morelianos, pocos por decisión propia, aprovecharon la oportunidad de ‘viajar’ a ese rincón de Rusia y disfrutar con una historia en la que quedó claro que cuando de sentimientos se trata poco importan las creencias religiosas y las nacionalidades.

   Los resultados en taquilla seguramente arrojaron pérdidas para la empresa que trajo por primera vez a la capital michoacana El violinista en el tejado, pero para ser sincero, y cerrar el comentario que ya me permití, quien más perdió fue el público.


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