La Catedral, icono moreliano

Una joya de gran valor

Hoy, hace 473 años nació la ciudad. La identidad vallisoletana se hizo presente de manera discreta primero y con mayor contundencia desde 1575 cuando los poderes administrativos se trasladaron de Pátzcuaro a Valladolid, hecho que potenció su desarrollo.
   Morelia -llamada así desde 1828 en honor a José María Morelos-hoy está de fiesta y para unirnos a esta celebración quisimos consultar a sus habitantes sobre cuál consideran el icono por excelencia de este histórico asentamiento fundado en 1541 por instrucción del virrey Antonio de Mendoza.
   No se pretende afirmar nada con rigor estadístico ya que la consulta realizada no lo tuvo de inicio pero creemos que sí presenta el sentir general del ciudadano común, ese que día a día recorre Morelia y camina junto a la Catedral, la Fuente de las Tarascas, el Acueducto y la Plaza Morelos (el Caballito), opciones del sondeo hecho por PROVINCIA.
   La clara vencedora, con 37.4 por ciento de los votos, fue la Catedral, un recinto devocional que ha sido, desde hace más de 300 años, testigo de las transformaciones de la ciudad.
  En las consideraciones sobre el máximo icono moreliano siguió el Acueducto con 28.24 por ciento, las Tarascas con 24.42 por ciento y finalmente El caballito con 9.9 por ciento de los votos.

Proyecto ambicioso
En su libro La Catedral de Morelia, el historiador Ricardo Aguilera Soria señala que la construcción del máximo templo de la ciudad fue el proyecto más ambicioso del siglo XVII en la colonia para la administración virreinal y también para las autoridades eclesiásticas.
   La primera piedra de la edificación actual se colocó el 6 de agosto de 1660 con un plan arquitectónico de Vicencio Barroso de la Escayola quien murió en 1695 sin verla culminada.
   La partida del constructor italiano y la del obispo Marcos Ramírez de Prado  y Ovando, iniciador del proyecto, fueron los primeros tropezones que vivió el largo proceso de edificación de un edificio que es hoy imprescindible para Morelia.
   Pasaron 84 años, fue en 1744 cuando los trabajos exteriores quedaron concluidos, hecho con el que inició otra titánica empresa: Darle dignidad y belleza al interior del recinto.
   En el citado tomo, Aguilera Soria señala que la edificación fue dedicada a la Transfiguración del Señor en 1745, y que su culminación constructiva no puso fin a los avatares del recinto.
   Saqueada durante la Guerra de Independencia –fue despojada hasta de sus campanas para convertirlas en cañones- la Catedral vivió un episodio de atraco aún mayor durante la segunda mitad del siglo XIX.
   Con la promulgación de la Constitución de 1857 -que marcó la separación de la Iglesia y el Estado-, y bajo la protección de la Ley de Desamortización de Bienes Eclesiásticos, el gobernador Epitacio Huerta ordenó el embargo del inmueble, hecho que corrió a cargo del general Porfirio García de León quien, apoyado por su tropa “echó mano de todo aquello que pudiera desmantelarse, fundirse y extraerse”, señala Aguilera Soria en su publicación.

Monumento imprescindible
El próximo 6 de agosto la Catedral cumplirá 354 años de existencia, un lapso por demás considerable que la convierte en uno de los recintos que más ‘Morelias’ ha atestiguado: Desde la tranquila y conservadora Valladolid, pasando por las convulsiones de la Independencia y la separación Iglesia-Estado, la llegada de la modernidad con el siglo XX y un nuevo y aún más terrible estremecimiento al inicio del XXI cuando dos granadazos instalaron un ambiente de temor e intranquilidad aún difíciles de superar.
   También ha habido muchas consideraciones respecto del máximo recinto para el catolicismo moreliano. De un lugar prácticamente sagrado pasó a ser representante de los abusos eclesiásticos durante la Colonia pero después una nueva luz la bañó: Se convirtió en la representación ideal de la amalgama cultural de la que resultó México.
   Ya sea que se aproxime a ella como mero monumento histórico o que se le considere como un lugar al que se puede acudir por consuelo moral y hasta divino, lo cierto es que a la Catedral de Morelia no se le puede dejar de ver.




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