Vanidades a prueba de fuego
Nací en una familia que cada domingo a las ocho de la mañana iba a misa. No recuerdo haber faltado ni una sola vez a la iglesia al menos hasta que cumplí los dieciocho años. Estudié durante una década en un colegio religioso, fui acólito (esos niños de sotana que ayudan a los padres en la misa) y canté, o al menos lo intentaba, en coros juveniles de la misma parroquia. Conozco a la religión y justo por lo que me tocó ver de ella es que ahora no les creo a casi ninguno de sus ministros, incluido el papa Francisco. Mañana llegará a Morelia, donde vivo desde hace más de diez años, el llamado vicario de Cristo y, como muchos, más que emocionado estoy entre indiferente al respecto. La visita es un hecho histórico, sí; es un símbolo poderoso para quien practica la religión católica, claro; de símbolos llenamos la vida, son nuestros asideros en este sinsentido que habitamos y más en Michoacán en donde la incertidumbre –social, económica y de seguridad– se instaló desde hace años. Eve...