Comentario sobre El hombre dinero de Mario Bellatin
Obsesiones
Quien se acerque a la lectura con la idea de que se trata
de un mero divertimento debería alejarse de los libros de Mario Bellatin.
El autor mexicano, además de escribir para olvidar (como
él mismo ha declarado), publica libros en los que no hay una sola lectura, se
platean preguntas que el lector deberá responderse a sí mismo luego de llegar a
la última página del tomo. Es, digámoslo así, literatura para pensar y
reflexionar.
La argumentación que venga después de terminar El hombre
dinero (Sexto Piso), la más reciente novela de Bellatin, será irremediablemente
un soliloquio ya que, aunque escrito en un iPhone, el tomo no tiene integrada
la aplicación de Whatsapp para consultarle al autor.
Las páginas de El hombre dinero se convierten en una
especie de reflexión acerca del dinero pero no entendido como construcción
social y sus alcances (no solo económicos sino de poder, superioridad y hasta medio
de coerción) sino como mero objeto para cumplir con los afanes coleccionistas del
personaje central.
En la historia, la literatura también se reviste de
importancia ya que, como tema, se combina con el dinero por lo que podemos ver
billetes (materialización perfecta para quien desea una prueba tangible de la
posesión de un caudal considerable) con los rostros de Shakespeare, Cervantes,
Alighieri y Spinoza.
Además de lo anterior, Pedro Páramo y la Alicia de Lewis
Carroll aparecen también en la historia enredada, divertida y absurda de El
hombre dinero.
Por partes
La estructura de El hombre dinero resulta interesante. La
historia se divide en dos grandes partes y la primera de ellas está a su vez
segmentada en tres.
En el primer bloque se hace un planteamiento sobre quien
narra la trama: Un hombre que mientras ve correr a sus galgas por el bosque recuerda
su infancia y el sueño del hombre dinero que de manera recurrente tenía su
padre.
Narrada a través de pequeñísimos y concretos párrafos, la
primera parte se integra por esa narración general -que no sigue orden
cronológico, hay que aclarar- y otras dos que de manera arbitraria aparecen,
como si de ‘subrecuerdos’ se tratara: Infancia y escritura.
El niño-hombre, hombre-niño, inicia su evocación gracias
a la contemplación de sus galgas y se interna en los siempre sinuosos caminos
de la memoria que lo llevan a la época en que sus padres vivieron en Nueva
York, el regreso a su país de origen, el momento de un diagnóstico terrible
sobre su hijo por nacer (convertido en narrador), los años en un colegio
dirigido por sacerdotes, los terribles ataques de asma que padecía y cómo su
proceso de escritura, aunque realizado para olvidar, está bien siempre bien
documentado y sustentado.
Es en ese primer bloque de la nueva novela de Bellatin
que se hace referencia al hombre dinero, un personaje que pareciera no ser
central pero que luego ocupa el lugar central en las elucubraciones de quien
cuenta la historia.
El narrador hace referencia a sus padres -de motivaciones,
anhelos y deseos desconocidos (y los pocos que se avizoran resultan absurdos)-;
su madre, un tanto fría y preocupada por ‘normalizar’ a un hijo diferente que
nació sin el brazo derecho; su padre, el más desconcertante de los dos, es
cercano al pequeño pero quizás más por la confianza y certeza que él puede
darle al progenitor y no al contrario.
Un fotógrafo ciego que se inmiscuye en negocios ilícitos
y un sacerdote decidido a realizar una enardecida defensa de la honra de su
madre complementan el bloque inicial de la publicación de Bellatin.
En la segunda parte el mismo niño-hombre permite conocer
la historia completa, que llegó constantemente a su padre en forma de sueños, del hombre dinero, una narración cronológica que
comienza con la llegada del personaje al edificio en el que habita y luego de
presenciar y padecer lo que parecen designios divinos (del dios del dinero,
claro está), regresa la normalidad, o quizás deberíamos decir monotonía, a su existencia.
El hombre dinero tiene también, según se puede atestiguar,
una relación difícil con sus padres: La madre siempre presente y dominante
mientras que el padre, promesa de un origen y destino mejores, perpetúa con su ausencia
la duda de lo que hubiera sido.
Anotaciones
El hombre dinero resulta un ejercicio de lectura experimental,
si es el primer acercamiento con la obra de Bellatin, pero definitivamente
interesante.
Como ya se mencionó, la narración está plagada de
preguntas que irremediablemente harán pensar y reflexionar a quien recorra las
127 páginas que componen al tomo.
La vida, la muerte, la migración, las obsesiones, las
familias, las limitaciones físicas, la soledad y la enfermedad son algunos de
los temas presentados por Bellatin y sobre los que el lector deberá hacer, si
así lo desea, su propia idea y conclusiones.
El hombre dinero podría parecer una narración azarosa y confusa si se ve superficialmente, pero no debe olvidarse que la memoria y los sueños tienen como componentes principales esas dos características y la trama presentada es justamente eso: La evocación de un sueño y uno ajeno, ni más ni menos.
El hombre dinero podría parecer una narración azarosa y confusa si se ve superficialmente, pero no debe olvidarse que la memoria y los sueños tienen como componentes principales esas dos características y la trama presentada es justamente eso: La evocación de un sueño y uno ajeno, ni más ni menos.

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