Entrevista con Carlos González de editorial La Cifra

De todo un poco

Hace unas semanas la capital michoacana se convirtió durante unos días en un punto de reunión para editores y editoriales independientes que acudieron a El Traspatio a compartir sus inquietudes e ideas sobre el mundo de los libros en México y España.
   Uno de los visitantes fue Carlos González Muñiz, de la editorial La Cifra, quien habló para PROVINCIA sobre el panorama de las casas emergentes que buscan ofrecer opciones distintas en lo que a tomos impresos se refiere.
   González Muñiz habló también sobre la amplia gama de funciones que debe desarrollar un editor independiente y cuál es la postura de La Cifra frente al tan discutido e-book.

-Las editoriales independientes tienen en esencia un objetivo en común, pero ¿qué cree que hace falta para que se unan y se apoyen para cumplirlo?
Yo creo que lo primero que hay que hacer es estar de acuerdo en algunas cosas básicas, hay muchas editoriales independientes que realmente son independientes no por necesidad sino por elección, realmente les gusta ser pequeñas, les gusta el trabajo artesanal, los tirajes muy cortos, a mí me gusta, es una postura muy valiente, muy desafiante en estos tiempos, pero digamos, se necesita hacer algunas cosas para juntarnos todos y hacer un circuito nacional de librerías independientes que eso sería un parte aguas en la vida editorial.
   Hay editoriales muy artesanales que no tienen código de barras o que no pueden ser parte de un sistema que pueda declarar en Hacienda, cosas muy técnicas, muy de trámite en las que tendríamos que ponernos de acuerdo; con el sentido de la editorial y los objetivos, creo que sobrepasando eso podemos pensar en hacer un movimiento nacional para, sobre todo creo yo, que el público lector pueda llegar a los libros de manera fácil.

-En el caso de una editorial pequeña, ¿qué pesa más?, ¿lo creativo o lo empresarial?
Creo que en muchos casos, al menos en los editores que yo conozco, pesa mucho más el lado intelectual del trabajo, que es fundamentalmente el del gestor, del intermediario.
   Una función fundamental del editor es conocer, moverse entre autores, entre creadores, ver qué se está haciendo, ver qué se está haciendo en otros países, traerlo, y eso implica un trabajo intelectual a la hora de leerlo, de traducirlo, de justificar porqué estamos trayendo a tal autor y no a otro, eso creo que es lo que prevalece aquí porque México es un país en donde hay una gran tradición del intelectual como gestor, el modelo que a mí mas se me ocurre es Octavio Paz, él era un creativo pero también tenia una red de relaciones públicas inmensa.
   Creo que una de las cosas que nos hacen falta como editores es la parte técnica, la parte administrativa, eso debería tener un poco más de peso pero es algo que no es tan atractivo como lo otro, no estás tanto en los reflectores, no estás tanto moviéndote en los círculos intelectuales o de artistas, tienes que estar viendo nóminas y pagos de impuestos, creo que hace falta más equilibrar eso.

-¿Es más difícil encontrar el dinero para operar o el talento que se anime a trabajar sin la certeza del cheque cada quincena?
Yo creo que es más fácil conseguir gente entusiasmada por el trabajo, lo difícil es, como siempre, el dinero, encontrar inversionistas, ganarse apoyos del estado o simplemente operar con el dinero que deja la venta de los libros.
   Gente talentosa, entusiasmada, hay mucha y cada vez hay más, hemos trabajado con ilustradores jóvenes, yo soy joven pero estamos hablando de gente que nació en el 90 y es gente mucho más abierta a trabajar con la promesa de una regalía si es que su trabajo se vende o simplemente trabajar para ver si funciona en el público, ponerse a prueba en el público funciona; no obstante tratamos de pagarle a todos y creo que todos los editores tratan de hacer lo mismo.

-Trabajan con escritores e ilustradores, una vez que está terminado el libro, ¿cómo se tasa el producto terminado?
Hay en cada subgremio que participa en la labor editorial algunos estándares, los ilustradores se unen en foros en Internet, en encuentros (como El Traspatio), los traductores también, los propios autores, sí hay posturas firmes sobre cuánto es lo mínimo que uno tiene que cobrar por su trabajo.
   Es un asunto de negociación, hay cosas que no se pueden medir, hay ilustradores muy talentosos que cobran mucho menos que otros más modestos en su propuesta digamos, pero eso tiene que ver mas con la experiencia que tengan, con la capacidad de negociar que tengan. Hay libros que se van a vender muchísimo y uno no sabe, si un ilustrador o un escritor pudiera adelantarse a que su libro va a vender, no se, dos mil, cinco mil unidades, cobraría más de inicio, pero eso es el riesgo que toma el editor, a veces paga, a veces no paga ese riesgo.

-Personalmente, ¿qué se requiere para ser un editor independiente?
Se requiere mucha persistencia, hay muchas razones para no seguir todo el tiempo, hay muchos obstáculos, es un trabajo muy duro porque te requiere muchos aspectos. No hay una formación, pensando en el sistema educativo, que te prepare para esto, tienes que saber del tema que publiques, tienes que leer mucho, tienes que tener capacidad crítica, analítica, para ver si los textos funcionan o no, para darle (al autor) razón porqué aceptas o no publicar sus obras, hay que tener habilidades empresariales, de trabajo en equipo, hay que tener capacidad de gestionar, de relaciones publicas, se van aumentando.
   Hay editores que se concentran mucho en los textos y dejan que alguien más haga el trabajo administrativo, pero yo creo que el editor realmente, como figura que deja una huella, que hace una diferencia, es un editor que logra aprender en el camino estas habilidades, entonces en el camino, digamos, uno puede encontrarse con muchos obstáculos derivados de un poca preparación o poco aprendizaje en términos económicos.

González Muñiz abundó en que la labor del editor independiente es complicada porque se tienen que equilibrar muchos temas: “Si estas funcionando muy bien administrativamente, colocando muy bien tus títulos pero, digamos, no se te dan las relaciones públicas, puedes echar a perder amistades, posibilidades con autores, con instituciones, si tienes mal carácter, no sé.
   “Lo mas difícil es la constancia, la capacidad que uno pueda tener para aprender cosas que no están en ti de inicio, yo por ejemplo estudié literatura, soy escritor desde hace muchos años, pero he tenido que abrirme, he tenido que aprender para sobrevivir en el medio, es muy exigente”.

-Se hace mucho énfasis en los factores en contra pero, ¿qué factores están a favor de un proyecto independiente?
Creo que ahora hay una apertura mayor del público, eso creo que es lo fundamental sobre todo por el cambio generacional, estamos enfrentándonos a púbicos nacientes de gente que ha crecido con Internet, que eso es una gran diferencia de generaciones anteriores.
   Hay gente que está dispuesta a leer, que esta dispuesta a conocer, que está dispuesta a exigir contenidos, eso es muy favorable, las editoriales no se pueden acomodar en una zona de confort, no es tan fácil que la gente acepte lo que sea o al menos la gente que está ahí, atenta, leyendo.
   Creo que también es favorable la manera en que el gobierno apoya, aunque eso genere controversias y genere contradicciones, hay muchos apoyos del gobierno para publicar y para traducir, y también hay mucho interés de otros países para que sus autores se conozcan aquí y entonces también hay apoyos que dan embajadas, instituciones extranjeras del libro que te permiten generar nuevas líneas de exploración para autores de otras nacionalidades.
   Yo diría (que a favor está) el apoyo, el interés de gente que está en el gobierno y en instituciones privadas y públicas y el tipo de público que tenemos ahora.

-¿Como ven en La Cifra al libro electrónico?
A mi me entusiasma mucho, me entusiasman las posibilidades del libro electrónico, creo que es una plataforma distinta que es para gente distinta, no creo que haya un conflicto de intereses entre el libro impreso y el libro electrónico, creo que esa discusión quedó ya atrás incluso; no hay manera de que desaparezca uno, no hay manera de que el electrónico no se vuelva un objeto cultura dominante, en Estados Unidos se venden más libros electrónicos que impresos, eso ya está probado.
   La comodidad de poder traer mil libros en un aparato que te cabe en la bolsa o poder buscarlo, comprarlo en el momento que tú quieras, donde estés, y se descargue en ese instante, me parece casi de ciencia ficción, fantástico, pero además hay posibilidades creativas muy interesantes, estamos muy interesados en la novela gráfica, en el cómic y hemos visto experimentos que están haciendo las grandes casas que tienen para pagar cosas así.
   La idea de los libros interactivos, de los cómics en donde hay hasta cierto punto un poco de animación, los libros que te pueden llevar a distintas partes del mismo a partir de links, tipo ‘elije tu propia aventura’, digamos tú estas leyendo una página y según donde quieras ir aprietas un lado, aprietas el otro, la idea de la aventura gráfica en términos más extendidos, más cercanos al videojuego.
   A mí en particular esas cosas me entusiasman mucho y yo creo que las editoriales independientes han explorado poco el camino, digamos solamente estamos en un primer momento que es trasladar nuestro catálogo a digital, porque no hay suficientes descargas, no hay suficiente confianza del público para comprar y creerle a los libros electrónicos.


Un espacio de encuentro

Carlos González Muñiz, de la editorial La Cifra comentó para PROVINCIA, dado los escasos niveles de lectura que prevalecen en el país, lo que él haría para el fomento de esta práctica.
   “Pondría a disposición de la mayor cantidad de gente posible los libros. Creo que las iniciativas del gobierno siempre apuntan hacia allá, siempre tratan de hacer tirajes, regalar libros, hacer eventos que fomenten, pero creo que no funcionan si no hay un impulso propio, si no hay unas ganas genuinas de leer”.
   El editor independiente señaló que le gustaría que las librerías fueran centros de encuentro en donde la gente sea vista como un invitado y no solamente como cliente, un espacio “donde te puedas sentar, puedas leer un libro completo si quieres aunque no lo compres, en donde haya actividades para los niños y ahí estén los libros para que los tomen.
   “Que esas librerías o esos centros no te exijan tanto como editor en términos económicos, digamos, que no sean como las grandes librerías que te piden un porcentaje muy grande del precio del libro, claro ellos tienen que ganar algo pero si yo pudiera hacer algo haría eso: Intentaría convertir al libro en el centro de la vida social en un lugar que funcione como eso, una mezcla de librería, biblioteca (y) centro de reunión”. 



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