Entrevista con Roberto Wong

Dos ciudades, miles de historias

Roberto Wong es un mexicano que se dedica a las relaciones públicas, tiene un apellido de origen chino, vive en San Francisco desde 2013, escribe un blog desde 2009 y a principios de este año, 2015, le fue entregado el I Premio Dos Passos, galardón literario convocado en España que obtuvo por su novela París D.F.
   Wong, nacido en Tampico en octubre de 1982, habló para PROVINCIA sobre la historia que lo llevó a obtener su primer triunfo en un certamen y sobre lo que viene después de la vorágine de entrevistas y viajes que supone ganar una distinción internacional.
   París D.F. tiene como protagonista a Arturo, un joven cuya anodina existencia se ve trastocada por un acto de violencia y muerte que le hace replantearse la vida y que lo lleva a buscar redimirse y transcender a través de un viaje a la ‘Ciudad Luz’ algo que le resulta imposible, por lo que decide superponer el mapa de París al del Distrito Federal y ‘recorrer’ las dos ciudades en una sola.
   Algo que también hizo Wong pero de una manera distinta. “Tengo un archivo en mi computadora con los mapas sobrepuestos y algunas marcas que funcionan como tachuelas. No soy un experto del diseño, por lo que probablemente mi sistema tenga algunas fallas. En todo caso, los puntos que se desdoblaron de la superposición de ambos mapas me sorprendieron igual que a Arturo. En otras palabras, no fue planeado que el Museo de Louvre coincidiera con Bellas Artes, por citar un ejemplo”.

—Mencionó en una entrevista una epifanía al visualizar la mezcla de las dos ciudades presentes en su novela, ¿cómo fue el proceso de creación?, ¿escribió sin parar en un acto de inspiración?, ¿o fue más pausado?
La comencé a escribir en 2012, por las tardes, después de trabajar. Fue un proceso constante que me tomó varios meses: el primer manuscrito lo terminé de escribir en octubre de ese año. Escribía por las noches, los fines de semana, a la hora de la comida, en los asuetos, pero nunca con una rutina ni rito específico —de 6 a 9 pm, por ejemplo, con una taza de café al frente—. Era obstinado pero poco disciplinado.

—Una vez que tuvo terminada la novela, ¿qué expectativas tenía para ella?
Bueno, cuando terminé el primer borrador en 2012 lo leí y me dio la sensación de ser un libro que no estaba a la altura de mis expectativas. Pasé poco más de un año corrigiéndolo y justo lo envié al Premio Dos Passos después de una de esas correcciones. Decía Alfonso Reyes que uno publica para evitar pasarse la vida corrigiendo manuscritos, y un poco ese es mi sentir cuando pienso en el libro.

En uno de los viajes que ha hecho a París Wong se encontró por casualidad el manuscrito en español de una novela sobre la ‘Ciudad Luz’ tirado en la calle. Se había mojado, las hojas estaban rotas, las palabras a medias y, al parecer, la historia estaba para siempre descartada.
   La imagen anterior hizo que Wong se cuestionara sobre el destino de su novela de la que ya no se acordaba, estaba en el certamen. “Lo había olvidado por completo, no tenía en la mente la fecha del fallo y no esperaba nada ya del manuscrito. Aquel verano había viajado una vez más a París y pensé, al encontrarme un manuscrito de una novela en español sobre París, que mi texto tenía el mismo destino: ser desechado, tirado en alguna calle mojada. Después vino la llamada (del premio) y el resto fue como un cuento de hadas. El despertar vendrá cuando todo esto esté olvidado”.

—El galardón trajo una vorágine de viajes, aviones y entrevistas, ¿cómo ha trastocado todo esto su vida cotidiana?
Lo más difícil ha sido evitar que me despidan, pero creo que he salido bien librado. Por lo demás, no ha cambiado mucho mi rutina.

—Además de los 12 mil euros, ¿qué le ha representado el Premio Dos Passos?
Es un premio muy generoso, pues la plata viene acompañada de la publicación del libro y la representación de la agencia Dos Passos. Ha sido una dicha enorme, pero como escritor no me ha cambiado nada: sigo con las mismas dudas que antes, que podría resumirlas en una: ¿cómo escribir algo que valga la pena? Creo que no tengo otra manera de hacerlo que desde mis obsesiones, esperando que un poco de lo que vuelco en el texto genere algún tipo de eco.

—El acta del jurado hace referencia a la ‘voz audaz y atrevida’ de su novela, ¿coincide con los calificativos hacia su obra?, ¿o a través de ellos descubrió algo que no había visto?
Creo que hay un número de lecturas igual al número de lectores de la obra. Al leerla, habrá otros que no coincidirán con esos apelativos, yo mismo no sé qué pensar y creo que no me compete adjetivarla. Lo único que puedo decir es que quise escribir un libro honesto. Eso es todo.

El amor de su vida
Roberto Wong ha viajado un par de veces a París y fue en una de esas visitas que surgió la idea para escribir París D.F. Su relación con la llamada ‘Ciudad Luz’ es sin duda especial pero se ha visto modificada a causa del premio por su novela.
   “He ido en un par de ocasiones pero la novela nació de un viaje que hice en 2011 en el que busqué a Hemingway en las calles de París. La última vez que estuve ahí fue en 2014. Incluso, cuando regresé, escribí algo muy cursi al respecto: ‘Hace 10 años pisé por primera vez el viejo continente. Mi destino era un pequeño pueblo en Sicilia, al oeste de Palermo. Ese verano me enamoré de una chica a la que no he vuelto a ver. A los pocos meses que regresé de Europa murió mi padre. Por alguna razón ambos eventos se entrelazan —en algún lugar de Italia algún dios romano anticipó todas estas cosas—. De las muchas señales no siempre podemos distinguir sus significados, algunos permanecerán ocultos e indescifrables. Dejo así Europa y regreso a la vida, lleno de curiosidad y deseoso de no saltarme un renglón, como en un gran historia’. Y bueno, la vida decidió abrir un capítulo más y llevarme a Europa de nuevo. Curioso, sin duda.

—Tiene una historia personal con esa ciudad pero también una relación literaria gracias a estas referencias de todos los escritores del boom que hicieron de París su lugar de residencia y exilio, ¿cómo cambió su relación o su percepción de París luego del premio?  
Me parece que la fortaleció: ahora la veo con el doble de cariño. Decía Cortázar: ‘Yo digo que París es una mujer; y es un poco la mujer de mi vida’. Un día tomaré mis cosas y me iré para allá.

—¿Vivir en San Francisco, Estados Unidos, es una especie de exilio como el que vivieron los autores del boom?
Tal vez. Vivir fuera de tu país te confronta con la soledad, de una u otra manera. El lenguaje, por ejemplo. La prueba de fuego para saber si hablas bien inglés es ir a un bar y hablar con una chica más de 20 minutos: el lugar es oscuro, ruidoso, la charla siempre es superficial, etcétera. Es un ejemplo banal, pero te habla de ese naufragio, claro en ese tipo de situaciones. Luego, los amigos, que al principio son nulos y después escasos. Encontrarse con ellos es todo un arte, persiste algo que en inglés se le llama ‘the busy trap’, cuya premisa básica es simple: atiborrar la vida de actividades para tener la sensación de que los días valen la pena. Así, encontrarse con una persona es más fruto del azar que un acto premeditado. En todo caso, tiene sus cosas buenas. Como toda ciudad, siempre hay algo de amor y odio cuando hablamos de ellas.

—En varias de las entrevistas que ha concedido a raíz del premio ha hecho referencia a la situación de violencia que se vive en México, ¿cómo la ve usted que vive fuera del país?
Con gran tristeza. Me parece que el contrato social es inexistente: pagamos nuestros impuestos y obtenemos poco, o nada, a cambio. ¿Seguridad? Es una mentira. Incluso la supervivencia, nuestro instinto primordial, ha sido criminalizada —ahí está el caso de Mireles—. La protesta, acallada al grado que todavía hoy no sabemos que fue de los 43. Mientras tanto, nuestra clase política se pavonea en su opulencia. ¿Qué tenemos que pensar al respecto? ¿Cómo podemos sobrellevar las contradicciones de la vida en México? Quiero creer que otro México es posible, aunque aún no conozcamos cuál es la ruta a seguir.

—Ante la situación de violencia que se vive en México, ¿cree que es posible sustraerse de ella y escribir algo sin ninguna referencia contextual?, ¿o siempre aparecerá la influencia del entorno que es, en este caso, caótico y violento?
Es imposible sustraerse, hoy  más que nunca la violencia penetra nuestra experiencia y nos confronta con ella. Ya no está limitada a las ocho columnas o los tabloides, es más, las historias de violencia a veces ni siquiera llegan a los medios. Me parece, entonces, que es inevitable que aparezca, pero tampoco hay que condenar a los escritores cuando no lo hacen. Resistimos desde distintas trincheras. Hay que encontrar, sin embargo, los puntos de anclaje, las acciones que superen al texto. Urge, más que nunca, que encontremos nuevas maneras de organizarnos.

De nostalgias y periplos
Roberto Wong dijo considerar que la literatura permite al lector sustraerse de la realidad y le brinda la oportunidad de ver y admirar otras cosas y en la misma forma que un viaje.
   “Es una manera de expandir nuestra perspectiva del mundo, de la vida. Dice Proust que el verdadero viaje no son los nuevos parajes, sino ver con nuevos ojos. Eso es precisamente la literatura”.

—Ha mencionado que la literatura es un ejercicio de nostalgia, ¿cree que una vida en la que todo deseo haya sido satisfecho daría material para una buena novela?
Me parece que no, porque no habría una motivación profunda en ese personaje. Siempre estamos tratando de compensar algo, de llenar algún tipo de ausencia. La literatura es el ejercicio de las posibilidades. Una vida que haya cumplido todos sus deseos sería una vida inmortal, capaz, precisamente, de explorar cada una de las opciones —finitas— que presentan los días. Curiosamente, alguien ya escribió un cuento al respecto: Borges, en El Inmortal, dice: “Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.”

—En una entrevista se refirió a sí mismo como un escritor novel, ¿qué tiene que pasar para que desaparezca esa etiqueta?
Cuando lo mencioné me refería al hecho de que nunca había publicado nada. Es como la etiqueta de ‘novato’ en los deportes: entro al campo por vez primera y las luces del estadio todavía me deslumbran. Supongo que esto terminará en breve, cuando todo esto se olvide o cuando publique un segundo libro.

—Acaba de ganar un premio internacional y su novela ya está en las librerías de varios países, ¿esto hace que la literatura tome la delantera en sus prioridades de vida?
La literatura siempre ha sido mi prioridad, sobre todo en mi rol de lector. Es impresionante cuando encuentro un libro que tiene la capacidad de conmoverme. La escritura, por otro lado, es un trabajo infinito: el borrador de París D.F. lo hubiera podido corregir 1 millón de veces. Ahora está allá afuera y lo que resta es que encuentre a sus lectores. Sobre próximos proyectos, quiero tomarme mi tiempo antes de publicar otra cosa.

—¿Tiene más manuscritos guardados en su computadora?, ¿son muchos?
No tantos. Tengo, sobre todo, cuentos, pero sí un par de proyectos ambiciosos en los que estoy trabajando.

—¿Escribe siempre en soporte digital o también hace anotaciones en papel?
Hago un poco de todo: tengo una libreta donde me escribo ideas, párrafos, anotaciones largas. Cuando no la tengo a la mano, utilizo una aplicación que se llama Evernote que te permite tomar notas y consultarlas en diferentes dispositivos.
   Me siento a escribir un texto cuando la idea ya maduró en mi cabeza. Solo en ese momento abro Word y comienzo a escribir lo que sea que vaya a escribir en ese momento.

—De todas las preguntas que se ha planteado sobre el rumbo que tomará su vida después del premio, ¿ya hay alguna que tenga respuesta?
Ninguna, pero eso es lo emocionante.

La ilusión de ser leídoDesde 2009 Roberto Wong tiene un blog que nació con el nombre de Hasta el día que me vaya y que hora se titula El Anaquel. En ese espacio cibernético comparte anotaciones, reflexiones y reseñas sobre libros. Es un lugar que combina su yo escritor con su yo lector.
Sobre su ‘lugar en el ciberespacio’ comentó que tuvo el nombre inicial porque siempre pensó que tendría que irse y “que el blog terminaría en una especie de carpetazo cuando encontrara ese destino. Resultó que me fui a San Francisco y por una u otra razón el blog no terminó y continuó acumulando reseñas de libros. Como diría Piglia, ‘uno escribe su vida cuando cree escribir sus lecturas’”.
Y aunque es un buen ejercicio de escritura Wong no cree que tener un blog sea necesario para los autores contemporáneos.
“El escritor necesita escribir y cualquier soporte le sirve para ello: el papel o lo digital. Lo que brinda el blog y las redes sociales es la ilusión de ser leído, y me parece que esta fantasía tiene un impacto mayor en el ego que en la escritura”, finalizó.


Foto: Cortesía, Roberto Wong

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